Fotografía

Esta tarde tuve un encuentro inusual con mi habitación, trataba de organizar ideas en mi cabeza y para ello, nada mejor que acudir a los cajones, esos que esconden grandes tesoros a los que llamamos recuerdos. Bajo el estante de los libros encontré un álbum viejo de fotografías. Mi primera impresión fue que se hacía pedazos y decidí reemplazarlo, sin antes revivir algunas de estas historias.

Mientras pasaba las páginas no pude evitar pensar en un video que me crucé hace unos días, tiernamente una madre abrazaba su barriga en gestación que rozada por otra pequeña criatura, comenzó a moverse. No se si se trataba de ese instinto materno desactivado hasta ese clic ó de la nueva familia que estaba a punto de recibir a su retoño, aquel que en otro tiempo y con otros versos era soñado por un par de adolescentes de 17 años recién graduados del colegio.

No voy a negar que a estas alturas, la remembranza de aquellos momentos me causo curiosidad y un sentimiento de estupefacción tal, que desencadenó en mi sueño de esa noche: llevaba una gran barriga a cuestas y una preocupación enorme porque a pocos días de dar a luz el padre se desentendió del asunto, aduciendo que ya tenía otros dos hijos frutos de la`espontaneidad sexual´en la que vivía. Sin embargo, y ante mi vaga sorpresa, la angustia era infinita pero no mayor al deseo glorioso de verlo atravesar las ventanas de la vida y acompañarme en un nuevo momento que era hora de enfrentar. Las fotografías siguientes iban apareciendo en una línea de tiempo desordenada pero al mejor estilo de “Back to the future”.

Entre otras curiosidades de la tarde encontré viejos amigos de todas las etapas de mi vida, de algunos de ellos, para mi sorpresa, ni siquiera recordaba sus nombres; pero me gustó saber que seguían allí, tan cercanos a mi sin notarlo, convertidos en un papel con forma, rememorando escenas con y sin importancia. La mayoría ya no forma parte de mi vida y entonces, volví a pensar en todos esos momentos en los que alguna vez fueron y fui. Así de ‘sopetón’ las imágenes se quedaban pegadas en mi cabeza, justo como lo hacía la aguja del tocadiscos al final de la pieza, que formaba un ruido estridente y repetitivo en medio del `desparpajo´ del 31 de diciembre. Después de unos segundos pude percibir en mi mente aquellas barras de color que aparecen al inicio de los programas de televisión, fue en ese momento en el que comprendí aquello que planteaba Darwin con su selección natural: somos esos recuerdos en la mente de alguien que aparecen sorpresivamente una tarde en forma de fotografía.

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