¿Dónde está Javier?

escenario 3Foto/Internet
Hace dos días tengo una imagen que se ha apoderado de mi cabeza. Después de pasar varias horas relajada en un lugar llamado Zaanse Schans, al norte de Holanda, abrí mi celular antes de dormir y allí estaba la afanosa cifra que a continuación quiero mostrarles.
Screenshot_2017-06-04-23-30-54Foto/Tomado de diario El espectador. “Sin vida encontraron a médico desaparecido en Bogotá”. (clic en el link para ver la noticia completa)

A pesar de los 8.896,20 km que me separan de Colombia, fue inevitable sentir la espeluznante alarma que recorrió todo mi cuerpo. No sólo por la aparición del cadáver de un médico de 28 años, que hace apenas dos semanas el país entero buscaba y compartía su foto a través de redes sociales. Era esa sensación de pensar que pude ser yo, ó cualquiera de mis familiares. Entonces, recordé que hacia el año 2008 esa misma sensación acompañaba mis mañanas cuando me preparaba para ir a trabajar, en la misma Bogotá  de la que hablan las noticias, donde conseguí mi práctica universitaria.

Mientras desayunaba a las 6:00 a.m. veía en el televisor cifras diarias de 10 y hasta 30 personas desaparecidas y sus respectivas fotografías. Miraba con asombro y pánico, mientras organizaba las ideas y oraba para que nada de esto me sucediera. Hoy no me caben esos números en mi mente, no puedo entender cómo en tres años desaparece tanta gente en una sola ciudad de Colombia. Una de tantas que existen y de la que usted es oriundo, donde hay amigos, familiares y vecinos. Una cifra que pasa desapercibida entre la realidad colombiana y la ironía de saber que al  otro lado del mundo esa extensión de tierra que es suya, otros la ven como un  “paraíso” en el que “lamentablemente la gente no sabe vivir”.

Soy consciente de que aquí y allá suceden cosas, la pregunta es: ¿Qué estamos haciendo para lograr lo contrario?. ¿Cómo me comporto en mi individualidad y genero cambios? . Siempre he pensado y lo digo por experiencia, que desde afuera se conoce mejor lo de adentro. Porque allí sufrimos algo que he denominado la ‘descolombianización’, o por lo menos yo he hecho el ejercicio. Trata un poco sobre pensar la situación desde otra perspectiva, desde otra realidad a la que llegamos ajenos y contemplamos atónitos, porque parece que las mismas ideas que nos vendían como imposibles, son vivenciadas y tienen un efecto positivo en otras sociedades. Aquellas costumbres que nos hacen esclavos y que repercuten en un caos difícil de ‘desenmarañar’ son inimaginables e intangibles en otros lugares.

Por ejemplo, algo básico que viví ayer y ayuda a explicar el mismo efecto es lo siguiente: Durante un corto trayecto por carretera vi un grupo de jóvenes en un carro, del que una pareja se bajó y se besó -frente a ellos y a todos los que nos encontrábamos allí- de una forma bastante ‘llamativa y/o exagerada’, por nombrarlo de alguna manera. Allí le expliqué a un holandés que viajaba conmigo, que en Colombia ante una situación como esta, era posible que alguien (no generalizo pero es real), pasara y les gritará algo como esto: “Páguele pieza”.  Después de explicar el contexto y de haber tenido ciertas charlas al respecto la conclusión del ‘dutch’ fue: “Por eso es que en Colombia se generan problemas y hay violencia por cosas tan triviales”. ¡Bingo! no habría una explicación mejor a todo ello que había tratado en cuatro meses de explicarle y es lo que pretendo decir con todo esto.

Quizá humanamente no podremos evitar los asesinatos planeados. Las muertes se nos salen de las manos, lo sé. Pero sí podríamos por ejemplo, evitar hacerle pasar un mal rato a las personas, mejorar nuestro comportamiento, intentar ser mejores todos los días, controlarnos, pensar para hablar, esta frase que pronuncian las mamás y las abuelitas que no tiene precio porque desborda sabiduría.

Desde que llegué he tratado de entenderme, entendernos, entenderlos, he minuciosamente analizado el comportamiento de esa marca de nacimiento llamada colombiano, para saber qué podemos hacer ante tanta ‘deshumanización’, no solo en nuestro país, en general.  Todo me lleva al mismo lugar. No es solo culpa del Gobierno, de lo que hacen o lo que roban o lo que quitan, de si somos pobres o ricos. Es lo que tenemos en la cabeza, es de los pensamientos que alimentan nuestros días; es el afán de conseguir, la maldad o bondad con las que se miren las cosas, el uniforme con el que nos vestimos diariamente, con ideas que quizás no se ponen en entredicho y con un pesimismo que nos alcanzaría para darle vueltas al mundo (lo se porque yo misma lo he sido: pesimista), envolverlo en esa misma cobija con la que nos arropamos sintiéndonos menos, frágiles, débiles, etiquetándonos pero sobre todo revistiéndonos de algo lejano al amor propio y al que deberíamos tener por el otro. Quizás haciendo énfasis sólo en esto, en un cambio de actitud progresiva, porque no todo pasa de la noche a la mañana.  Podríamos lograr reducir esas ganas de matarnos y empezar a darle la mano al perdido y así evitar que incluso hoy, usted sea parte de esa cifra sin sentido que nos duele en el alma, porque uno puede adoptar ideas, cambiar pensamientos, pero jamás olvidar de donde vino, a pesar de los millares de kilómetros de distancia.

distancia

Pd: les dejo el link de esta canción al final del texto. Una realidad que con el tiempo se repite. Para los que se pregunten por qué el titulo es ¿Dónde está javier? posiblemente recuerdan este juego de encontrar al personaje entre un centenar de personas. Juguemos un poco a encontrarnos cambie el nombre del juego por el suyo. ¿Dónde está usted?…

¿Y si dejamos de soñar y hacemos?

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