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‘Escobar’, un autogol que nos descalifica.

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Existen dos personajes colombianos que serán recordados por la historia y por nuestra memoria colectiva. Casualmente y como si se tratara de una novela de ficción ambos, hombres, se apellidan Escobar. Andrés, un futbolista que marcó el autogol más famoso del país (porque descalificó a Colombia del Mundial de Fútbol del año 1994, durante el partido frente a  Estados Unidos), jamás imaginó que con ello se había ganado un ‘pase’ a la tumba, así de ‘taquito’. Y su tocayo en apellido Pablo, quien por ello lo mandó a matar.

Este es uno de los relatos que envuelven a Escobar, un apellido tan común como Rodríguez o Martínez, que en Colombia abundan por doquier. Tome asiento porque de aquí en adelante trataré de desenmarañar un hilo que llevo en el pecho que hace una semana no me he podido sacar. ¿La razón?, cerca de la ciudad donde vivo En Países Bajos, mejor conocido como Holanda, en el que se dice en miles de videos “es el país del futuro”, “el más tolerante”, “el que vela por los intereses de todos sus ciudadanos”; funciona desde agosto, bajo el nombre de ‘Escobar’, una cafetería en el campus de una de las universidades más prestigiosas del mundo: La Universidad de Delft.

Como diría el futbolista al llegar a Colombia “la vida no termina aquí, es solo un partido de fútbol”, cuan equivocado estaba. Algunos pensaron que se trataba simplemente de colocar un apellido a un establecimiento, pero la historia que quizás no leyeron, no preguntaron o no importó, es que no se trata solo del nombre sino de los elementos que acompañan a la marca y del imaginario colectivo que hay detrás de la intención. En varias imágenes publicadas en las redes sociales del establecimiento, se pueden observar las similitudes entre su publicidad y la serie ‘Narcos’ de Netflix, esto sumado a que la tienda vende café y de ‘ñapa’ al parecer colombiano, uno de los principales productos de exportación de nuestro país. Además, en un render del lugar aparece un mapa de Colombia que quizás no demoren en poner como trofeo decorativo.

El hecho desató el sinsabor de algunas personas de la comunidad colombiana, latina y de otros quienes expresaron su apoyo a nosotros los colombianos. Sí, no voy a decir que todos, porque en el proceso de entender qué sucedía descubrí algunas posiciones contradictorias y escasas en argumentos, que me dio dolor de patria y de huesos, por los comentarios de algunos de nuestros mismos compatriotas, y por supuesto del resto (no todos), que  al parecer no dimensionan la magnitud de lo que esto implica y nos lleva al inicio de un circulo vicioso del que hemos salido fracturados, señalados, avergonzados, culpables; mejor dicho, de una historia que se repite como una verdad absoluta en las bocas de los otros, muchas veces de aquellos que en su piel no han tenido que vivir la barbarie.

En esta travesía de mostrar una realidad y enfrentar conceptos me he dado cuenta de cuánta ignorancia existe frente a los procesos históricos y vivenciales, pero sobretodo he descubierto cuánta deshumanización enfrentamos los individuos. Me sorprende cómo siguen en pie “las sociedades”, no estoy anonadada, solo degustando el sabor de la experiencia ya que con el paso de los días pude notar cómo el concepto del país de la “libertad”, se caía ante mis ojos.

A veces uno cree que hablando puede construir más, pero no hay arma más poderosa que el silencio para escuchar las verdaderas voces, esas del alma, donde se almacena la conciencia y nos permite diferenciar lo bueno de lo malo, lo absurdo y lo paradójico, en resumen las incoherencias de la vida.

¿Tolerancia o ignorancia?

Podríamos simplemente no entrar al establecimiento y eso es evidente, sin embargo no por ello deja de ser inapropiada toda la situación, pues como me dijo un mexicano que conocí entre tanto comentario: “es una falta de respeto para la memoria de las personas que han perdido la vida en la lucha contra el narcotráfico y sus familiares”. Estoy completamente de acuerdo. También hablé con una paisana que lleva el mismo apellido “como una cruz desde que nací”.

Lo que me ha causado más incertidumbre es cómo una universidad que es el espacio donde la gente aprende a conocer el mundo y a otros, adquiere conocimientos, establece normas de respeto e igualdad, permita los estereotipos en un país donde en su mayoría viven extranjeros, argumentando que el lugar es privado y que no pueden hacer mucho.

Y así entre un comentario y otro pasó la semana, en inglés, en holandés, en español, callando, asimilando y respetando como se inculca aquí el “ser libres” de hacer y de opinar, pero ¿hasta dónde, esa libertad puede llegar con el fin de no estropear la vida del otro?, pensé que de eso se trataba el concepto de sociedad.

 

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1 comentario en “‘Escobar’, un autogol que nos descalifica.”

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