¡My Dutch life!

Y ahora estoy aquí al otro lado del mundo, en mi mundo feliz.

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Era el año 1993 cuando vi por primera vez a la que por entonces consideré la persona más feliz del mundo. Era una muchacha rubia y delgada que daba saltos con un sombrero de conquistador, un traje de rayas negras y un vaso de leche en la mano. Detrás de ella una casa al estilo Hansel y Gretel y molinos que hasta entonces no sabía qué eran ni su utilidad. Yo estaba absorta frente al televisor; no recuerdo la hora pero sí que la cadena era del Perú. A su lado una vaca con la campana amarilla en un spot a blanco y negro en el que dibujaban como caricaturas a aquellos personajes salidos de una realidad distante. Luego acercaba la mano hacia la pantalla con el vaso de leche y entonces una voz en off pronunciaba el nombre que a la vez era el logo:Bella Holandesa.

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La imagen la tengo guardada como esos momentos ‘top trending’ que llevas en el corazón, aunque a decir verdad solo muchos años después pude entender y conectar el origen de este ‘colombian dream’ inusual, traído a cuenta por un recuerdo de mi niñez que se había hibernado en un rincón de mi memoria.

En ese momento pensé: ¿donde quedará ese mágico lugar en el que la gente es tan feliz?,¿existirá en la vida real?, ¿será parte de un cuento de hadas?  -Yo quiero estar allí, ser tan feliz como ella-… Ahora a mis 30 años puedo apreciar desde otro ángulo lo que el impacto de la publicidad puede ejercer en una persona. Sin embargo, esa sensación que me dejó ese primer momento lo llevo impreso en mí y reconozco que es el mismo que me acompaña a diario al asomarme a la ventana. Los recuerdos son el resultado de la transformación de la realidad en el cerebro, es un proceso complejo pero mecánico, como el de una fábrica, en el que las ideas llegan y son moldeadas por las máquinas del pensamiento, los conceptos y las experiencias individuales.

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Muchos años siguieron para tener el segundo indicio de ese sueño. Los sueños son los motores del alma en un reloj sin tiempo, están allí como ‘vocecitas’ que alimentan la vida. Aún me sorprendo al pensar cómo de pequeños momentos idealizados, puede forjarse una idea tan profunda. Será por ello que los humanos somos básicos aparentemente, pero cargados de un impulso sorprendente, un ímpetu para lograr los objetivos y una sed de conocimiento que no sacia, convirtiéndose en una adicción.

A mis diez años me encantaba encerrarme a leer e incluso en los descansos del colegio.  Pasaba las tardes de domingo en un cuarto pequeño de mi casa que funcionaba como biblioteca. Tenía algunas enciclopedias y libros mapamundi que me deslumbraban con una larga lista de lugares extraños que jamás hubiera pensado que existían. A un costado del mueble y como una piedra preciosa esperando a ser capturada por un pirata, había un globo terráqueo de plástico. Me encantaba darle vueltas como un jugador de baloncesto a su pelota, señalar algún lugar al azar y repetir su nombre. Al darle la vuelta, se detuvo en un territorio minúsculo comparado con el mio: Países Bajos.  Abrí el viejo atlas, como quien escoge una carta de la baraja de un mago, y espera con ansias a ser adivinada. En aquellas letras más pequeñas aún se leía: Holanda (región).

chica-eligiendo-destino-de-viaje_1009-261Fue en ese momento en el que algo hizo clic por dentro. Y saltaba de poco en poco de año en año hasta convertirse en un plan que emergía con fuerza. Recuerdo cada descanso del trabajo utilizado para investigar acerca de ese lugar, pequeñas cotidianidades en que “casualmente” encontraba elementos que rememoraban ese sueño, esa curiosidad. Mis horas de descanso de la jornada laboral dedicadas a investigar, buscar fotos, armar rutas leer y soñar con ese momento. El primer articulo que escribí en una revista siete años antes de pisar este lugar por primera vez.

18767403_10154520710495918_4034936812401790423_nFoto/Amsterdam, por Andrea Delgado. Artículo de la revista Premium/Colombia, Bogotá 2008.

Hoy más de 20 años después escribo estas letras con gozo desde mi casa en La Haya, Países Bajos, viendo como el sueño se volvió realidad y dejando por escrito que aquellas cosas que a veces parecen derivadas de la casualidad, están trazadas en un libro de vida de aquel que cree, que sueña y lucha por lo que quiere tarde o temprano, se llega a la meta, soñando despierto.

Andrea Delgado.

 

 

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